• AFILEMOS EL HACHA, TRABAJEMOS NUESTRO SER.

    ImagenCuenta una antigua historia, que había un joven que quería convertirse en leñador. Un día oyó hablar del más sabio de los leñadores de su comarca y decidió ir a conocerle.

    – Quiero ser su discípulo. Quiero aprender a cortar árboles como usted.-Le dijo al viejo.

    El joven se aplicó en aprender las lecciones del maestro, y después de algún tiempo creyó haberlo superado. Se sentía más fuerte, más ágil y más joven; estaba seguro de que podía cortar más árboles que su viejo maestro.

    Por eso decidió desafiarle en una apuesta, para saber cuál de los dos podía talar más árboles durante un día entero.

    El maestro aceptó el desafío, y el joven leñador comenzó a cortar árboles con entusiasmo y vigor, con toda la rapidez y fuerza que atesoraba.

    Entre árbol y árbol, escuchaba a su maestro, pero la mayor parte de las veces no oía el sonido del hacha.

     Al caer el día, para gran sorpresa del joven, el viejo maestro había talado muchos más árboles que él.

    – ¿No puede ser? -se sorprendió- ¡Usted estuvo casi todo el día descansando!

    – No, hijo mío, yo no descansaba. Estaba afilando mi hacha.

     

    La primera vez que escuche esta historia, la interpreté de manera muy simple. Reduciendo la metáfora a la disyuntiva de trabajar, o trabajar y seguir formándose. Es más, pensé en la cantidad de años que había estado afilando mi hacha sin cortar un solo árbol y las ganas que tenía de hacerlo cuando mi etapa de estudiante tocaba a su fin.

    Soy de una generación en la que los años de formación comenzaban a dilatarse, donde muchos estudiantes al terminar la universidad hacían otros postgrados y donde seguramente accedían al mercado laboral sobre-cualificados para el puesto a desempeñar.

    En este sentido, nadie ponía en duda que la búsqueda de las mejores oportunidades y de los mejores puestos, pasaba por atesorar conocimientos o acumular experiencia. Si no tenías lo segundo debías compensarlo con lo primero.

    En términos competenciales, la posibilidad de desempeñar con éxito una actividad laboral se acreditaba con alguna de estas dos opciones; fortaleciendo el Saber o alimentando el Saber-hacer y el Hacer.

    Pero decía Mark Twain “Somos Seres Humanos, no Haceres humanos*, trabajemos el SER y de ahí obtendremos el HACER y el TENER”. Así es que, lo que durante muchos años fue nuestro pasaporte de entrada a la “felicidad laboral”, pasó de puntillas por algo tan esencial. Nos olvidamos de fortalecer lo que éramos, en favor de lo que hacíamos o sabíamos

    De igual manera, el día a día y su vorágine, nuestro afán de superación y competición, o simplemente la necesidad de “llegar a fin de mes”, hace que vayamos por la vida en “piloto automático”. Nos empeñamos en seguir talando y talando, en llegar primero al siguiente árbol o en quitarle los árboles a otro. Hemos asumido que la felicidad es algo parecido a ese bosque poblado de árboles. Por eso debemos pararnos, ver cuántos troncos llevamos cortados y al mismo tiempo observar cómo está nuestro hacha.

    Los seres humanos tenemos una inteligencia cognitiva; un intelecto, tenemos también una inteligencia emocional. Pero además tenemos una inteligencia somática, relacionada con las otras dos, y para muchos incluso una dimensión Espiritual.

    Por suerte, ya sabemos cómo trabajar nuestra Inteligencia Emocional, puesta de manifiesto por Daniel Goleman desde hace más de 10 años. Incluso cada vez prestamos más atención a nuestro cuerpo, no sólo desde el punto de vista de la salud o la forma física, sino como elemento canalizador de nuestras emociones y transmisor de nuestros comportamientos. Y por supuesto de lo espiritual,  cada cual se ha ido encargando a su forma y a su modo.  

    Pero afilar el hacha es más que todo esto, es realzar y dar valor al mayor bien que todos tenemos, nosotros mismos.

    Esto pasa por poner en consonancia esas cuatro dimensiones, fortalecerlas congruentemente, y compensarlas sabiamente. Si buscamos nuestro bienestar y por ende nuestra satisfacción laboral, debemos equilibrar nuestra atención y nuestro foco en las cuatro por igual.  Ser proactivos y planificados, repartir bien el tiempo, y aún mejor nuestros esfuerzos. Ya que sólo así lograremos estar satisfechos plenamente y no sólo de 8 a 5 de la tarde y de Lunes a Viernes.

    Daniel Meléndez Pérez                                @Danimenen

    *Traducción libre de “Human doing”

     

     

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