• Compartir es Competir

    (Publicado también en www.salamancartv.com)

    Hace tiempo que defiendo el papel esencial de los medios de comunicación al servicio del interés público. Un papel que pasa por dejar de ser sólo un escaparate de nuestra realidad socioeconómica y convertirse en caja de resonancia para nuevas iniciativas. Postularse como altavoz para muchas personas que trabajan día a día para salir adelante y que pueden servir de ejemplo para otros.

    Leyendo nuestros diarios, escuchando nuestras emisoras y viendo nuestros informativos, nos hemos convertido en expertos en bolsa, en derecho administrativo y por supuesto en tácticas deportivas. Y no sé ustedes, pero yo ni invierto en deuda pública, ni soy legislador y de momento no entreno ningún equipo. Eso sí, procuro sacar mi trabajo adelante y encima disfrutar con ello.

    No es mi intención banalizar todos esos aspectos, por supuesto que deben estar recogidos en nuestros medios, pero en estas líneas me gustaría poner el acento en ese otro papel que vengo demandando.
    Por ello trato de ofrecer una visión distinta del mundo de la empresa. Una visión que quizá provenga de algún cablecito cruzado, de mi pasión por el coaching y el crecimiento personal, o más bien del afán de sacar mi sueño adelante y contribuir con ello a que otros lo hagan.

    Seguramente no sea el ejemplo de empresario vocacional, de emprendedor de manual. Pero creo que estoy en el sitio justo, en el momento idóneo y espero no desaprovechar la oportunidad.

    Desde el principio, como emprendedor, uno de los grandes nubarrones que poblaban mi mente era la posibilidad de tener que llevarlo a cabo yo solo. Cuando uno se embarca en esta aventura, puede que tenga el apoyo de su entorno, puede que incluso cuente con el asesoramiento de un experto, y en el mejor de los casos puede tener la suerte de hacerlo en compañía. Pero muchas veces no tiene más remedio que empezar solo.

    Si te encuentras en este último escenario, ¡enhorabuena!, no te queda más remedio que aceptar con los brazos abiertos la siguiente recomendación: COLABORA, COOPERA, PIDE AYUDA Y OFRÉCETE.

    Hemos crecido en un entorno empresarial centrado en sí mismo, receloso de su competencia. Empresas que nacían con la noble intención cada una de ellas, de reinventar la rueda o reformular la coca-cola. Pero eso sí, en secreto y con las “trapas bajadas”, no fuera a ser que les copiaran o se adelantaran.
    Nuestro desarrollo industrial y empresarial nos ha brindados ejemplos de empresarios de éxito, pioneros en su campo, pero que luchaban con sus competidores con las cartas bajo la mesa. Poco a poco cada uno de ellos se iba quedando con su trocito de la tarta, sin necesidad de pedirle o quitarle otro trozo a su vecino.

    Pero hemos llegado a un momento donde quizá ya no haya tarta para todos, así es que o compartimos la tarta o no comemos nadie.

    En este sentido, no puedo estar más convencido de que COMPARTIR es COMPETIR. No en el sentido de competición si no de competencia, de eficaz competencia. Cuanto más ofrecemos y más nos mostramos, más posibilidades tenemos de poder recibir. Y al contrario, si aceptamos sabiamente lo que nos piden, podremos demandar nosotros también después.

    Se trata de un juego ganar-ganar, en el que todos pueden obtener un beneficio tangible, económico, pero sobre todo emocional. Apostando por el bien común te ves apoyado y reconocido por otros, y puedes llegar a rodearte de grandes profesionales de tu campo y de otros sectores con los que establecer sinergias. Apoyos que te permiten crecer y desarrollar tu idea de negocio, sin necesidad de ir integrándolos en tu estructura.

    ¿A qué me refiero desde un punto de vista más práctico? A compartir conocimientos y recursos, colaborar en proyectos conjuntos, ayudar a su difusión, anunciar y transmitir los logros del otro e incluso a compartir clientes.

    De pequeño, en mi barrio, estaban los que jugaban al fútbol con otros niños, y aquellos cracks del balompié que daban patadas solos contra una pared, practicando filigranas con su propio balón.
    Cada vez somos más los locos que jugamos a este juego, los que no nos llevamos el balón a casa si no quieren jugar con nosotros. Si no que buscamos crear nuestro propio equipo y competir con esos que sólo quieren el balón.

    ¿Te atreves a jugar?

    Daniel Meléndez

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