• LA DIFERENCIA ENTRE UN SUEÑO Y UNA META ES UNA FECHA

    La pasada Nochevieja, muchos habrán pedido un deseo por cada una de las 12 uvas, tal como marca la tradición. Otros muchos, más prosaicos, habrán formulado sus anhelos aprovechando cualquier otro momento. E incluso los habrá que no lo han hecho de manera expresa, pero que sí que tienen varios sueños que cumplir durante este año.

    Una cosa es segura, la mayoría de nosotros aprovechamos para proponernos metas con los cambios en el calendario. Esto suele ocurrir dos veces al año de manera generalizada; la primera, más funcional, a la vuelta de vacaciones, y la segunda, de carácter mucho más simbólico, con el cambio de año natural.

    Este fin de año he tenido la oportunidad de percibir una sensación muy extendida; la de mandar todo el 2013 a freír espárragos y abrazar con esperanza el 2014. Seguramente, entre todos hemos dado forma a la idea de ver 2013 como nuestro annus horribilis, aunque en esto como en tantas cosas, no debemos generalizar. 365 días dan para mucho y seguro que algo bueno de ellos podemos sacar. Bien es verdad que mirar hacia delante, nos acerca a todo aquello que queremos conseguir, y es muy útil aprovechar este quiebre en el calendario para empezar a perseguir nuestras metas.

    Ahora bien, también este fin de año, entre tanta felicitación virtual y whatsapp llegó a mí la siguiente viñeta de Mafalda

    No sé si ha sido Quino el autor de esta genialidad, o cualquier otra persona adoptando perfectamente el carácter de nuestra amiguita. Pero la verdad es que ha dado en la clave como tantas otras veces.

    No debemos de perder de vista, que cualquier propósito que nos propongamos debe iniciarse en nosotros mismos. Hasta en aquellos más colectivos, seguramente tengamos algo que decir individualmente.

    En este sentido, otra de las frases que he podido leer estos días en las redes sociales decía: Mi meta para el 2014 es cumplir los objetivos del 2013 que debería haberlos cumplido en 2012 cuando me los propuse en el 2011.  

    Muchos de los objetivos para este año, seguro que son ya viejos amigos, otros muchos son compañeros de fatigas de alguien cercano y hemos decidido adoptarlos para nosotros, y otros nos los planteamos de nuevo tras algunos meses en el olvido.

    Lo más seguro es que queramos dejar atrás algún hábito sin perder fuerza tras el paso de la navidad. Que nos planteemos los mismos retos y que esta vez busquemos las ganas necesarias para conseguirlos.

    Sin embargo puede ocurrir que tengamos ganas de cambiar algo de nuestra vida y no sepamos por dónde empezar. Busquemos algo distinto, lograr nuevas metas, pero no sepamos el qué. Para estos casos, para saber por dónde comenzar o qué lograr, en Coaching utilizamos una herramienta muy sencilla de realizar, la Rueda de la Vida.

    Dibujamos un círculo y lo dividimos en tantas líneas como aspectos personales o profesionales queramos analizar;  Familia, Amigos, Trabajo, Finanzas, Salud, Ocio etc.  Una vez hecho esto, puntuamos en cada línea de 0 al 10 el grado de satisfacción que tenemos en cada uno de ellos y unimos los puntos obtenidos.

    Nos va a quedar una especie de rueda, que nos muestra nuestra situación actual, y nos ayuda a tomar conciencia de aquellas aéreas de nuestra vida que deseamos mejorar. Por último, en cada una de esas áreas, podemos escribir metas a corto y largo plazo y proponer acciones específicas con sus plazos y fechas.

    Con éste y otros métodos, podremos concretar todos esos deseos que nos propusimos mientras nos atragantábamos comiendo las uvas. Lo importante es pasar de los propósitos a las acciones.

    Dicen que la diferencia entre un sueño y una meta es una fecha. Así es que feliz annus mirabilis 2014.

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