• Tanto si crees que puedes como si no, tienes razón

    La frase que da título a este artículo no es mía, es de Henry Ford. Pero antes de comenzar a desentrañarla, a comprobar qué es eso que creemos, permitidme que os cuente una historia:

    Dos niños patinaban en un lago congelado de Alemania. Era una tarde nublada y fría.
    Los niños jugaban despreocupados. De repente, el hielo se rompió y uno de los niños se cayó quedando atrapado en la grieta del hielo.

    El otro, viendo su amigo preso y congelándose, tiró su patín y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas hasta que por fin, consiguió romperlo y liberar a su amigo.
    Cuando los bomberos llegaron y vieron lo que había pasado, preguntaron al niño:

    – ¿Pero cómo conseguiste hacer eso?

    -¡Es imposible que consiguieras partir el hielo, siendo tan pequeño y con tan pocas fuerzas!

    En ese momento, el genio Albert Einstein, que pasaba por allí, comento:

    – Yo sé como lo hizo.

    – ¿Cómo?- Le preguntaron.

    Es sencillo, respondió Einstein, no había nadie para decirle que no era capaz…

    Pero, qué tienen que ver estos niños, Einstein y las creencias con aquellos que persiguen un objetivo o que buscan lograr algo; un nuevo negocio, un empleo, un nuevo reto en su vida…

    Si buscamos en la el diccionario de la RAE el verbo creer nos dice; Tener por cierto algo. Pensar, juzgar, sospechar algo o estar persuadido de ello.  Tener algo por verosímil o probable.

    Desde niños, nuestros juicios, valores y expectativas van construyendo nuestra manera de pensar. Afianzamos nuestras creencias basándonos en nuestras experiencias y las de otros,  y esas experiencias afectan y se ven afectadas por nuestra visión de la realidad.

    Lo que pensamos depende de cómo percibimos la realidad, y al contrario, percibimos la realidad en función de cómo pensamos. Tanto es así que podemos afirmar que, la realidad es distinta para cada uno; la realidad no es como es, sino como nosotros interpretamos que es.

    Llegado a este punto, me viene a la mente una noticia que leí hace un tiempo. Decía que una profesora de la Universidad de Santiago, Elvira Fidalgo para ser exactos, había basado su tesis sobre la formación de las palabras gallegas para “lluvia”. Llegando a la conclusión de que había más de 70 vocablos para este fenómeno meteorológico.

    No es mi intención recopilar ahora todos los términos que usamos en castellano y compararlo, y admito que cada gallego no usará los 70 por igual. Pero lo ilustrativo de este ejemplo, es que si tenemos en cuenta que el lenguaje estructura nuestro pensamiento, ese lenguaje, tópicos aparte, nos muestra la importancia que le dan a la lluvia en esas latitudes. Pudiendo delimitar esa “su” realidad hasta de 70 formas diferentes.

    Una creencia por tanto, no es una verdad absoluta. Sin embargo, es totalmente cierta para quien la cree, la damos por válida sin cuestionarla.  Es “nuestra verdad” que proviene de “nuestra realidad”.

    En nuestro desarrollo, especialmente durante la infancia, las creencias se van labrando un hueco en nuestro pensamiento, las vamos interiorizando hasta ser parte inconsciente de nuestra forma de ser, y por supuesto compartiéndolas y asumiéndolas colectivamente. En este sentido, desempeñan también un papel de cohesión social, articulan nuestros valores y nos permiten discernir lo que para nosotros es o no beneficioso.

    Tanto es así, que las creencias, sobre todo las de nosotros mismos, configuran y condicionan nuestros comportamientos. Es decir, creer o tener una opinión sobre algo o alguien, nos hace sentirnos de una u otra manera, y esto nos impulsa, frena o condiciona a la hora de actuar. Por tanto, nuestros resultados son consecuencia directa de nuestras creencias.

    Pero, ¿Qué pasa cuando los resultados no son los que nosotros esperábamos o buscábamos?

    En Coaching, lo más importante es analizar junto con el cliente, si las creencias en las que fundamenta sus acciones ejercen un efecto potenciador y le ayudan a lograr sus objetivos, o por el contrario, le llevan a limitar las posibilidades de conseguirlos.

    Aunque ha quedado patente que  son muy resistentes a cualquier intento de cambiarlas o contradecirlas. Ponerlas en duda, tomar distancia y detectar si nos están limitando, nos permite enriquecer nuestros modelos mentales y generar nuevas alternativas o soluciones.

    Por ello, no podemos hablar de creencias verdaderas o falsas, buenas o malas, sino de creencias potenciadoras y creencias limitantes.

    Así es que, cuando modificamos nuestras creencias limitantes, cuando ampliamos nuestra perspectiva, cuando somos capaces de variar nuestros juicios y opiniones, o incluso aceptar otras nuevas; cambia también nuestra manera de ver nuestros recursos y la interpretación de lo que podemos hacer. Cambia nuestro pensamiento, generamos nuevas expectativas y con ello nuevas emociones y comportamientos.

    Por tanto, “Tanto si crees que puedes como si no, tienes razón”, pero analiza qué es eso que crees y toma consciencia de si te está llevando hacia donde tú quieres.

    “Cuando quieras emprender algo, habrá mucha gente que te dirá que no lo hagas, cuando vean que no te pueden detener, te dirán cómo lo tienes que hacer, y cuando finalmente vean que lo has logrado, dirán que siempre creyeron en ti.” John C. Maxwell

    DANIEL MELÉNDEZ PÉREZ @Danimenen

    Publicado en SalamancaRTV.com

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